viernes, 29 de noviembre de 2013

La grandeza de lo pequeño: Mézquita del Cristo de la Luz (Toledo) - La mística

Explicaba René Guenon, que lo que conocemos como Tradición, tiene como elemento más esencial la religión en su sentido más universal. La Tradición fluye como la civilización que la vió nacer. Enraizada con las gentes que la vieron nacer y que siguen sus principios,  cuando la civilización que la vió nacer desaparece, la Tradición vuelve a su origen celestial pero sigue viva. La tradición, vista así es la idea rectora de una sociedad, por la que se rige, los cimientos de sus principios espirituales. No hay duda de que la sociedad musulmana es tradicional y se rige por principios inmutables en el tiempo y en el espacio.

La arquitectura islámica desde los recintos sacros a la urbanización de sus ciudades, nació a la sombra de su más sagrada tradición. Consistente en la relación entre el cosmos, el hombre, y la propia arquitectura. De ahí que sus obras sean verdaderamente "un arte sacro" y en ella se plasmaron los principios metafisicos.

Estos principios metafísicos, se dan cita en la obra arquitectónica a través del espacio, la forma, la luz, el color y los materiales.

Cuando uno se adentra en el mundo místico musulmán, en su lectura, comienza a entender como esos buscadores de la sinarquía universal como eran los templarios y muchos otros cruzados, en sus élites más cultas, confraternizaron con el "enemigo". Y se "contaminaron" o "tomaron prestado", mucha de su sensibilidad, y conocimientos.

Creo que hoy en día, poca gente pondrá pegas cuando digo que el Islám absorvía todo el saber de cada pueblo conquistado y lo traducía a su propia forma de ver el mundo. El Islám, y con España como puente se convirtió en el faro que parió la Europa moderna, junto a judíos y monjes que iban de aquí para allá, buscando manúscritos para copiar de aquellos "demonios", que como muy bien capta una escena de Robin Hood, Principe de los Ladrones, cuando saca el catalejo y el inglés se asusta, dice aquello de "y vosotros  quereis conquistar el mundo".

Para el alarife o maestro musulmán, el arte, incluye la dimensión cósmica. El hombre occidental metido de lleno en la lógica cartesiana, olvidó la dimensión cualitativa de las formas. En el arte musulmán la forma y el espacio van de la mano. No es la materialización de las coordenadas abstractas euclidianas lo que ofrece un marco donde las formas son situadas, sino que ese espacio se define por los contornos que se encuentran en él. Un centro sagrado como la Meca o el Domo de la Roca, de esta forma polarizan todo el medio que se halla en torno a ellos. Son verdaderos axis mundi, ejes que conectan el cielo y la tierra, y en si mismos son "centro de la tierra". y condensan la energía a través del rito sagrado de las oraciones de los fieles.

El ritual de la oración, cinco veces al día condensa la energía de la mezquita que hace desarrollarse organicamente las ciudades. La Meca sería el centro supremo en la tierra de esta energía a la que le seguirían los demás recintos sagrados,  que serían polos igualmente de menor intensidad.

La arquitectura islámica crea en sus espacios unidad y síntesis, crea espacios para vivir para que el hombre desarrolle su vida cotidiana.

Esta mística va unida a los conceptos matemáticos y a la geometría, en Occidente perdimos esta forma de "matemágicas" es decir los cualitativo de sus conceptos repletos de mística y simbolismo que en el Medievo reinaba a través de la influencia de Pitagoras y la tradición hermética.

Para el musulmán, cada número posee un aspecto simbólico que lejos de ser imaginario es tan parte de la realidad como lo material que vemos y tocamos.

De esta forma cada número y figura en su faceta simbólica son un eco de la Unidad, y brotan como cualidades que ella contiene ayudándonos a trascender a un mundo superior.

El cuadrado de la Ka' aba, que se repite en patios y edificios, no es un cuadrado decorativo es un simbolo de estabilidad y totalidad, es un reflejo del Templo del Paraiso, del cual la Ka' aba es su imagen terrestre. El octógono, no es un recurso constructivo para colocar una cúpula circular sobre un cuadrado, sino que es un reflejo del Trono Divino que se asienta sobre 8 ángeles. Y la cúpula es un reflejo de la bóveda celestre, y del mundo infinito del espíritu, los cuales se representan con un círculo.

La arquitectura musulmana tiene otro principio, el de la luz, dice el Corán: "Alá es la luz de los cielos y la tierra", no es casualidad que la tierra en la que nace el Islám, es la tierra del zoroaastrismo. En la arquitectura islámica, la luz es el simbolo del Intelecto Divino y del Ser.

A la luz, le sigue el color, parte fundamental de edificios. El color representa la diversificación del Ser.

En una arquitectura musulmana, se dan cita la alquimia tradicional y otras ciencias.

Mientras que en la arquitectura europea predomina lo trinitario, en el Islám predomina lo cuaternario, y el cubo de la Ka' aba ( lugar que custodia el betilo que se tiene por fragmento del Paraiso.

Desde Al- Gazzali, a Ibn Arabí, lo bueno se identifica con lo bello, "Dios es bello y ama la belleza".
A la belleza divina se llega desde el interior, pero la belleza externa es otro camino para llegar a él, de ahí que el Profeta se rodeara de hermosos caballos, mujeres, perfumes. La visión de Dios a través de la visión de la amada y su belleza,  En el sufismo por ejemplo, la música, la escritura, la comunicación del saber son signos de la actividad divina y son de vital importancia.