martes, 26 de noviembre de 2013

Los rituales secretos de los maestros canteros: La Tradición

Mucha gente cree que eso de los sacrificios humanos es cosa de la América Precolombina... bueno los celtas lo practicaban y muchos pueblos europeos.  Y parece que los primeros canteros, también. Cuenta la tradición que en la antigüedad, cuando se disponía a crear un templo se hacía un sacrificio humano. Este se hacía en el punto equidistante de las cuatro esquinas del edificio. Esto se realizaba para evitar que el templo se derrumbase, con el paso del tiempo el ser humano, pasó a ser un gallo negro. Este se sacrificaba en honor de las deidades subterráneas cuyos dominios serían violados al excavar los cimientos.

El sacrificio se practicaba de noche, de manera sigilosa y secreta, que era una forma de pedirle excusas a la Madre Tierra. Tras la muerte del gallo, se colocaba y consagraba la primera piedra en un hoyo excavado para este fin en el centro de la obra. A esta piedra se la llamaba "la piedra angular" o "piedra cimera". Y representaba simbólicamente el punto más alto del futuro edificio. Después se vestía de blanco una mesa rectangular y se elegía a uno de los Hermanos "masones" para que interpretara el papel de víctima propiciatoria, tal y como se realizaba en los tiempos pasados. Seis hombres levantarían el bloque de piedra sobre su cabeza, tras lo cual se procedía a un examen con plomada, escuadra, y compás. El sacrificado diría las palabras secretas del ritual en las que destacaba la entrega de su vida,  para garantizar que el edificio sería solido y se mantendría en pie por siempre.

Este ritual que viene de los tiempos paganos, aún se conserva de alguna forma en la tradición cristiana. Es la tradición de la "piedra del ara" en la tradición latina o la "antimensión", de la iglesia oriental, en la cual debajo de la piedra se colocan cenizas de santos, o algún tipo de reliquia.  También viene de esta tradición, la costumbre de "izar la bandera", esto quiere decir que durante la obra no hubo desgracias personales, aunque se ha perdido el sentido sagrado y  simbólico primigenio.

A la "piedra angular", le seguía el simbolismo de la "piedra cúbica", la de la "fundación" por ser una de las cuatro que se colocaban en las futuras esquinas del edificio. El ritual de la "piedra angular", era con el objeto de "insuflarla vida" para que el alma de la piedra despertara. Este ritual de los maestros canteros medievales, estaría relacionado con la creación del hombre de barro, es decir que estamos formado de tierra o piedra, y Dios nos insufló vida. En él la piedra, sería un símbolo de los propios canteros.

La tradición del ritual, proseguía con la inauguración de la "primera piedra", por medio de tres maestros constructores. Para dar comienzo a la obra, el número era de siete y finalmente nueve constructores consagraban el recinto . Esta serie de pasos calculados y medidos al milimetro, configuraban un espacio sagrado, con un aura magica, inmerso en una energía cosmo-telurica que lo hacía especial, poseedor de una vibración misteriosa que abriría las puertas del cielo, al hombre "trascendente".

El ritual además estaba acompañado de invocaciones, palabras secretas y gestos corporales, y un recorrido alrededor del edificio, a modo de deambulatorio. De esta forma se representaba en las distintas etapas de construcción como la tierra profana, se transformaba en tierra sagrada. Una vez el recinto era sagrado, estaba preparado para que las hermandades de constructores comenzaran su labor. No hay duda de que los maestros canteros jugaban con el conocimiento transmitido desde tiempos pretéritos de las "wouivres", o "venas de dragón". Hablamos de energías telúricas, y remitimos al profano al trabajo de Blanche Mertz, que dirigía el Instituto Geobiología de Chardonne en Suiza, y a su obra "Pirámides, catedrales y monasterios". Dicha autora, viajó por el mundo, y los recintos sagrados, analizando el suelo, la composición de rocas, las energías, el magnetismo terrestre, presencia de aguas subterráneas y las conclusiones son dignas de leerse pues es un trabajo científico, a tener en cuenta.

Al igual que en la Alquimia, la "cantería",  era una iniciación y el trabajo de la piedra bruta, su tallaje se asemejaba al trabajo que en la vida hace el ser humano para perfeccionarse. Para los Maestros constructores, la "piedra bruta" era la "materia prima" era el cáos, microcósmico o macrocósmico ese cáos, debía pulirse, para que se obtuviera la perfección de la "obra". Es decir que la cantería y su iniciación se asemejaba mucho a la alquimia que al eliminar las impurezas de los metales, para obtener oro, transmuta el alma del alquimista. De esa forma el ser humano trasciende a la Luz. De esta forma el "aprendiz" reconocía que él era una "piedra en bruto", que era preciso trabajar. El paso de "Aprendiz" a "compañero", se hacía con la simbología del mallete y la escarpia. Eran la energía creadora, lo masculino y lo femenino. El mallete simbolizaría el principio masculino-creador y la escarpia el recipiente-femenino. Las herramientas  necesitan ser afiladas constantemente en el trabajo, y esto representaría que la vida está llena de obstáculos que debemos "afilar" mediante nuestras virtudes para evolucionar y mejorar como personas. Aún hoy en la "masonería operativa", la escuadra representa la materia, la plomada el equilibrio y el compás la espiritualidad.
Una vez que el aprendiz, finalizaba el trabajo, habría dejado de ser una "piedra bruta", se convertía en "piedra cúbica", estable y solida. Para ello los compañeros y el maestro, habrían pulido la matería y afilado las virtudes, mediante experiencia, tesón, obediencia, humildad, voluntad y concentración. Todavía la Francmasonería, heredera de la masonería medieval, nos dice "cada hombre debe tallar su propia piedra".

Antes de terminar comentar que el tema de sacrificios para fundar edificios, es tratado en su Historia de las Religiones por Mircea Eliade. Y hay un trabajo muy interesante, disponible en la red "TRES CASOS DE RITUALES FUNDACIONALES O PROPICIATORIOS EN CONSTRUCCIONES DOMÉSTICAS EN EL
ALTO IMPERIO ROMANO. ¿LATINIDAD O INDIGENISMO" de  Arturo Pérez Almoguera de la Universidad de LLeida, donde explica como en varios yacimientos arqueológicos, en "casas particulares" se han hallado fetos y niños, animales, etc. para el ritual de fundación.