martes, 18 de marzo de 2014

Documentación templaria en Castilla y León: Relaciones con otras Ordenes Militares

En general, las relaciones con las otras Órdenes Militares fueron buenas, exceptuando la de Alcántara; hubo también algún problema puntual con las de Santiago y Montegaudio. 

 Ya en septiembre de 1178, aprovechando su presencia en la Curia Regia de Salamanca, las Órdenes del Temple, Hospital y Santiago acuerdan hermanarse. Diez años después, las mismas Órdenes acuerdan que sus procuradores defenderán por igual los derechos de todas en la Curia romana. 

De nuevo las mismas Órdenes, incluyendo esta vez a la de Calatrava, firmarán otro acuerdo, entre 1222 y 1224. Por él, los jerarcas de las cuatro Órdenes establecieron la creación de una Junta compuesta por tres freires de cada institución, que se escogerían  primeramente por los Maestres, y luego por los otros iembros de la Junta. Cuando surgiese algún problema, los tres freires de la Orden agraviada tendrían que citar a los otros nueve, so pena de castigo; luego, entre los 12 resolverían la disputa, obligando a la Orden culpable a rectificar. Si ésta se negaba, la Junta la denunciaría al pontífice, el cual podía expulsarla de la Junta. Las decisiones se aprobarían por mayoría, eligiéndose un  décimotercer freire para poder adoptar una decisión. Por otra parte, si un Maestre actuaba mal, o malgastaba la propiedad de su Orden, la Junta podría corregirlo, y si se negaba a reformarse, ésta lo denunciaría a los órganos superiores de su Orden (Capítulo, Treces, etc.). 
Es en esta segunda década del siglo XIII cuando se producen ciertas discrepancias entre el Temple y Santiago: sobre Alcañices, entre 1220 e 1223, en las que tuvo que intervir el papa Honorio III, y sobre Sanfiz do Ermo, en Galicia. Fueron resueltas, por lo que se comprueba, en favor del Temple, ya que ambos lugares les pertenecieron hasta la disolución de la Orden. 

A pesar de estos pequeños problemas, podemos calificar las relaciones de cordiales. La Orden de Santiago incluso tenía establecido en su Regla que se ayudase y socorriese, entre otros, a los miembros de las Órdenes Militares internacionales, aunque esta disposición, debido a lo dispuesto por el papa Inocencio IV, no era de obligado cumplimiento. Y ya la bula confirmatoria de la Orden de Santiago, del papa Alejandro 
III, expedida el 5 de julio de 1175, decía que los santiaguistas debían ayudar a templarios, hospitalarios, etc. 

Parece ser que Juan Osórez, Maestre de la Orden santiaguista, renunció al cargo en 1310, entre otras razones, por su desacuerdo con que se aboliese la Orden del Temple en el Concilio de Vienne, al que había sido convocado y al que no quiso asistir. 

En 1232, en una disputa entre las Órdenes de Santiago y Hospital, se nombran  como procuradores a tres freires de cada una, además de uno del Temple y otro de  Calatrava; pero como esta comisión no fue capaz de llegar a un acuerdo, fueron los Maestres de Calatrava y del Temple los que tomaron la decisión definitiva. Podemos ver  que, con algunas modificaciones en lo que respecta al número de freires, esta intermediación está basada en el acuerdo entre las cuatro Órdenes firmado pocos años antes. 

Con la Orden de Calatrava se concordará el Temple entre 1219-1220, prometiéndose mutua ayuda, pero las relaciones habían sido inicialmente tensas, ya que, después de la defensa de la fortaleza de Calatrava por la misma Orden, recién fundada, algunos templarios habían decidido pasarse a ella. 

Posteriormente pleitearán por varios lugares, entre ellos Montalbán, El Carpio y Ronda (Toledo). 
Con la Orden de Alcántara las relaciones fueron siempre tensas. La enemiga empezó en 1220 al tener que abandonar los templarios las demandas que sostenían contra la predecesora de esta Orden, la de Pereiro, sobre ciertos castillos, para ganarse el favor de Alfonso IX. 

Por la posesión de Ronda pelearía también la Orden de Alcántara, la cual, a pesar de una sentencia favorable de los jueces, se encontró con la resistencia armada de los templarios, ayudados por otros cristianos y musulmanes, impidiendo que se posesionasen de ella, lo que llevó a que, en 1253, se excomulgase a los templarios y se solicitase del arzobispo de Santiago que retirase el apoyo al Temple. En este pleito llegaría a tener que intervenir Alfonso X. 

Y en la época del proceso que llevará a la disolución de la Orden del Temple, se producirán nuevos episodios de tensión y violencia con la Orden de Alcántara, especialmente en Extremadura. 

Con la Orden de Montegaudio también tuvieron problemas, a raíz de que parte de esta Orden decidió ingresar en el Temple, ya que en 1186 el Maestre provincial de Montegaudio donó al Temple los bienes de la Orden en Aragón, León y Galicia, la cual, aunque no fue efectiva en ese momento, sería ratificada en parte por el monarca aragonés, que en 1196 incorpora la Orden de Montegaudio, en su reino, al Temple; pero 
en ese momento los caballeros de León y de Castilla rechazaron la incorporación, recibiendo de Alfonso VIII de Castilla el castillo de Monfrag, tomando la Orden este nombre. Los templarios no se resignaron y consiguieron hacerse con los castillos de la Orden de Montegaudio en Castilla y León, excepto Monfrag. 
En estos pleitos tomarían parte pontífices como Inocencio III, que en octubre de 1198 delega en los obispos de Osma y Zaragoza, y en el abad de Veruela, para que entiendan en el pleito, mencionándose en el documento al Maestre templario de León. 

Inocencio III confirmaría, en 1215, la transferencia al Temple de todos los bienes de la Orden de Montegaudio adquiridos antes de 1196, mientras que los caballeros que no habían ingresado en el Temple podrían conservar los adquiridos con posterioridad a ese año. 

No es ésta la única ocasión en la que los pontífices intervienen: en abril de 1254 Inocencio IV manda al Maestre del Temple en los tres reinos que admita en la Orden a Esteban Pérez, que había tenido que abandonar la de Santiago por causas legítimas. 

PANORÁMICA DE LA ORDEN DEL TEMPLE 
EN LA CORONA DE GALICIA-CASTILLA-LEÓN 

Carlos Pereira Martínez 

Destaco ese hermanamiento de las Ordenes de Santiago, Hospital y Temple que se firma en Salamanca y que se ratifica años después. Esto explicaría que compartieran iglesias en el Camino de Santiago y que una vez desaparecidos, alguna de esas iglesias quedaran en propiedad de la Orden de Santiago o del Hospital. En concreto me refiero a San Lorenzo de Vallejo donde hay simbología templaria o una pequeña iglesia santiaguista en Villar de Donas, donde se puede ver alguna que otra cruz templaria.

Documentación templaria en Castilla y León: Relaciones con los Reyes.

La relación de los templarios con la monarquía experimentará altibajos, dependiendo de la mayor o menor proclividad respecto a la Orden de los diferentes reyes. 

Alfonso VII, que los había conocido en Portugal, les donará la villa de Villaseca, en Soria, hacia el año 1146. Algo antes de 1148 les entrega algunos bienes en Carbajal de la Legua, cerca de León y con posterioridad a 1148, la fortaleza de Calatrava que el Temple devolverá, un tiempo despues, a Sancho III de Castilla, por no sentirse capacitados para defenderla frente a los almohades. 

Alfonso VIII de Castilla, que les había donado Terradillos en 1191, solamente les dejará, en su testamento, una pequeña parte de sus armas, la novena del total, siendo las Órdenes más beneficiadas las de Santiago y Calatrava. Un Maestre de Castilla, 
Rodrigo, aparece en el séquito del rey en 1181, cando se firma el tratado de Medina de Rioseco con Fernando II de León. 

Bastante mejores fueron las relaciones con Fernando II de Galicia y León. Sabemos que el Maestre Guido da Guarda acompaña al rey bastantes años, figurando entre los confirmantes de numerosos documentos del monarca, entre ellos alguno tán importante como el tratado firmado con Alfonso VIII en Medina de Rioseco el 21 de marzo de 1181, en el que se establecían las fronteras entre ambos reinos de acuerdo con lo que había establecido, en su testamento, Alfonso VII. Forma también parte, en representación del reino de León, junto con el arzobispo de Santiago y el obispo de Ciudad Rodrigo, de la comisión que, después de celebrar una reunión inicial en Paradinas, redactaría el tratado de paz de Fresno-Lavandera de junio de 1183. 

Fernando II les donaría Coria ca.1168; la iglesia de Santa María del Templo de Villalpando en 1170, Ponferrada algo antes de 1178 o, en fecha indeterminada, el cillero de San Martín de Wamba (donación que revocará Alfonso IX, dándoselo al Cabildo de la Catedral de Zamora en 1198). También parece que les donó, en Extremadura, Cabeza de Esparragal, que aún reclamaban en 1236. 

Con Alfonso IX las relaciones, inicialmente, no fueron muy fluidas, puesto que el monarca, en la Curia Regia de 1188, revocó muchas donaciones que les había hecho Fernando II. Aunque tardará en devolvérselas -tendremos que aguardar al año 1211- ya en 1194, en el tratado que firma en Tordehumos con el rey de Castilla Alfonso VIII, el Maestre del Temple en el reino de León será el encargado de tener en prenda la tenencia de varios castillos leoneses, mientras que en el de Castilla lo será el Maestre de Calatrava. 

Entre febrero y agosto de 1214 el Mestre del Temple, Pedro Alvítez (también llamado Alvito o Alviti), será Mayordomo real: en un documento del monasterio de Castañeda, de febrero de 1214, aparece en la lista de confirmantes "Maiordomus eius Magistro Milicie Templi", y en otro documento de 1 de agosto de 1214, en el que Alfonso IX confirma a la Orden del Hospital todas las propiedades que tenía en sus reinos, aparece "Magistro Templi P[etro] existente regis maiordomo". Volverá a ocupar este relevante cargo en 1216. El cargo de mayordomo era de mucha importancia, ya que realizaba una supervisión general de la corte. Fue detentado siempre por miembros de la alta nobleza. 

Alfonso IX les permutará el castillo de San Pedro de Latarce por el de Milana, el 12 de marzo de 1203. El 29 de abril de 1211, estando en Villafranca, firmará un pacto con el Maestre Gómez Ramírez por el cual les restituye Algodor, las heredades y solares 
que habían poseído en la vega de Coria, Alcañices con su territorio, las salinas de Lampreana, San Felices y Moledes (las tres cerca de Benavente), y lo que habían tenido en Limia (Galicia), donándoles, además, "Aruoyxelo cum omnibus suis directuris et pertinencis", Canedo (en Tierra de Lemos, Lugo), con su iglesia, casares y pertenencias, y "in terra de Faro, quantum ad regiam pertinet feligresia Sancti Jacobi de Sigraes", prometiéndoles también que, si recuperaba los castillos de Alba de Aliste y San Pedro de Latarce (en manos del monarca castellano), también se los donaría; a cambio, los  templarios renunciaron a la demanda que le habían interpuesto al rey sobre los castillos de Portezuelo y San Juan de Mazcoras, que Alfonso IX deseaba entregar a la Orden de Pereiro -futura Orden de Alcántara.

En su testamento, otorgado en Sevilla el 21 de enero de 1284, Alfonso X hace importantes referencias a la Orden del Temple, designando, entre sus albaceas, a don Martin Gil de maestre de la orden del Temple. 

 Cuando asume el poder Sancho IV, los jerarcas templarios serán miembros de su corte; primero Gómez García, comendador mayor de Castilla y León, valedor de Sancho en la lucha dinástica contra Alfonso X, el cual ayudaría al monarca a resolver militarmente, junto con las otras Órdenes Militares, los conflictos surgidos en Badajoz en 1289, cuando fuerzas rebeldes habían proclamado rey de Castilla a Alfonso de la Cerda, y luego los Maestres siguientes. A Gómez García le concederá Sancho IV "la meatad do seruiçio y de la fonsadera delos sus uasallos" mandando ese mismo día "a los omnes que moran en tierra dela Orden do Temple e dela tierra d´Alliste e de Táuara, que recudiesen a don Gomez García, comendador maior do Temple en Castiella e en León con los marabedís de la moneda forera".

Los Maestres provinciales templarios también confirman algunos documentos de Fernando IV para después desaparecer de la documentación, lo cual indica que las relaciones con este monarca no fueron demasiado fluídas, quizá a partir de 1295, cuando un comendador templario, Martín Martínez, acoge al infante don Juan en el puente de Alcántara, entregándosela y yendo luego con él a Coria. Pero fue especialmente a partir de 1307, al comenzar en Francia las investigaciones sobre los templarios, cuando las relaciones son totalmente frías, llegando el monarca a disponer 
de bienes del Temple y donarlos a particulares ya en ese mismo año, es decir, cinco años antes de la disolución de la Orden del Temple en el Concilio de Vienne de 1312. 
 Será por documentos de Fernando IV cuando conozcamos que la Orden del Temple había obtenido de los monarcas -no sabemos cuál fue el primero- un privilegio por el cual se les concedía la luctuosa de los vasallos del rey; impuesto que era cobrado por el comendador de Medina del Campo-Luctuosas.

PANORÁMICA DE LA ORDEN DEL TEMPLE 
EN LA CORONA DE GALICIA-CASTILLA-LEÓN 


Carlos Pereira Martínez 



Será a partir de este momento cuando se pierde documentación incluso se llegará a falsificar datos para no admitir el origen de ciertas donaciones.

domingo, 16 de marzo de 2014

Arquitectura templaria I

Cuanto daño hicieron las teorías de Violet Le-Dut, quien al estudiar dos iglesias templarias francesas, concretamente la de Laon y la de Paris, de planta centralizada, pensó que ese era el "sello" de la Orden.

Violet Le-Dut, pensó que las iglesias templarias eran así, de planta centralizada. Es decir circulares, ya que se inspiraban en el modelo del Santo Sepulcro de Jerusalén.

Pronto las teorías de Violet Le-Dut, llegaron a España y fueron seguidas por Vicente Lamperez, para este arquitecto, estaba claro que las iglesias templarias obedecían un plan centralizado y de no poder ser así, seguían las pautas del Cister. Y así fue como cualquier templo "circular" fue atribuido al Temple, sin tener en cuenta datos históricos que avalaran lo contrario.

La atribución al Temple de las capillas de plan central  o radial llegó a la península al caer el siglo XIX (1898) de la mano del arquitecto historiador Vicente Lampérez y Romea, quien,  quedó cautivado por las teorías románticas de Viollet-le-Duc (1868).

Fue así como durante las primeras décadas del siglo XX, las capillas radiales de la Vera Cruz, Eunate y Torres del Río, se convirtieron en sólidas representantes de la fórmula utilizada por los templarios para imitar y rememorar el Santo Sepulcro de Jerusalén. En el mejor de los casos estas filiaciones han sido más que cuestionadas  por los historiadores.

Más tarde Robert de Lasteyre, formulará una teoría según la cual  durante el siglo XII, los edificios templarios seran "circulares" y luego abandonaran esa forma de construir.

Por fin Elie Lambert, hizo el estudio más concienzudo y científico sobre este asunto, no respondió a la pregunta de si existió una "arquitectura templaria!, como en otras ordenes. Pero lo que si dejó claro es que los edificios templarios son similares a los que geograficamente tienen en sus alrededores. La atribución exclusiva de las iglesias templarias a las  que poseen  planta circular deja claro que no tiene ningún fundamento. Sin embargo, sus conclusiones sobre las capillas de templarios resultan parciales pues sólo se aplican a las de los «castillos o palacios fortificados», dejando aparte las otras iglesias que no forman parte de un conjunto defensivo y que se construyeron siguiendo esquemas arquitectónicos diferentes a aquellas. Esta omisión resulta todavía más evidente si recordamos que, en conjunto, son menos numerosas las capillas de castillos que las de encomiendas rurales o urbanas

Aún no se ha realizado un trabajo a nivel europeo para ver que tienen en común los distintos edificios por lo que la respuesta sigue siendo un interrogante.

Se puede decir no obstante,  y eso si que es indiscutible que los edificios templarios no tienen una unidad de estilo, y los edificios se asemejan a los que tienen  en la zona donde se ubican.  

En el medio rural se suele dar la iglesia de una sola nave y cabecera semicircular, a veces de testero plano, careciendo de decoración. Abovedadas, techumbres a veces de madera, al exterior de teja. Ahí tenemos el caso de Santa María de Siones, Carrión de los Condes o Tamara ( esta con testero plano). Caso aparte son iglesias como la desparecida de Ceinos de Campos, que tuvo que tener una cúpula inspirada en la de la Catedral Vieja de Salamanca y la Catedral de Zamora.

También tenemos iglesias templarias mudejares, como es el caso de San Salvador de Toro, o las ya muy reformadas de Villalpando o Pajares de Lampreana.


Santa María la Blanca de Villalcazar de Sirga - Palencia


En el medio urbano, los edificios son más complejos como San Juan del Mercado en Benavente, que posee tres naves y tres ábsides y una rica decoración escultórica.


El poeta G.A. Bécquer (1836-1870), en dos de sus leyendas (“El Monte de las Ánimas” y “El rayo de luna”) atribuye a los templarios edificios religiosos ruinosos de Soria. A pesar de tratarse de textos cortos, parece que en la primera leyenda se refiere a una dependencia de la iglesia de San Polo y en la segunda al monasterio de San Juan de Duero, ambas ajenas al Temple.

En la Corona de Castilla, mucho más que en la Corona de Aragón, la asignación arbitraria de edificios a la orden del Temple ha estado y sigue estando muy extendida.

En tierras de la histórica Corona de Castilla se empiezan a encontrar noticias sobre monumentos templarios en textos historicistas, más o menos fiables, de las famosas guías ilustradas “Recuerdos y bellezas de España” (1839-1865)17; reseñas de excursiones científicas, en el “Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones”18; artículos con alguna intención arquitectónica en el “Boletín de la Real Academia de la Historia”; en revistas científicas regionales, como la «Revista de Estudios Extremeños».

Hay que destacar el trabajo de Javier Castan Lanaspa, sobre las iglesias rurales y urbanas en Castilla y Leon, a principios de los 80 y continuado a lo largo de su carrera. 

En el simposio «El arte y las Órdenes Militares», hubo una aportación que representa una primera aproximación al conocimiento de la arquitectura militar del Temple en la región extremeña. Nos referimos a los artículos sobre las fortalezas de Jerez de los Caballeros y Alcorchón.

En el año 1989 se presentó en la Universidad de Barcelona una tesis doctoral sobre la arquitectura templaria en Cataluña que realizó Joan Fuguet. Entre las conclusiones se constataron relaciones (influencias o paralelismos) entre la arquitectura militar templaria catalana y las fortalezas de los cruzados de Oriente, en la utilización de plantas cuadrangulares, dobles recintos... así como en la organización funcional de los conjuntos conventuales y en la tipología de los edificios.

De particular interés para la arquitectura templaria peninsular fue la
excavación de urgencia, llevada a cabo en 1991, en el solar donde hasta los años sesenta del siglo XIX, se levantara la capilla conventual del Temple de Zaragoza. Sabíamos por fuentes contemporáneas a su destrucción, que se trataba de uno de los raros ejemplos peninsulares de planta circular. J.F. Casabona, director de la excavación ha escrito sobre ello. Interesante es la monografía que, recientemente (1997), Olga Pérez Monzón ha dedicado a la encomienda zaragozana de Novillas; es un trabajo eminentemente documentalista –elaborado a partir de la documentación hospitalaria de época moderna—, que ofrece alguna información sobre la capilla y el castillo de la antigua encomienda templaria, hoy desaparecidos o remodelados por los sanjuanistas.

A lo largo de la última década de este pasado siglo, en la localidad de Ambel, sede de una importante encomienda templaria y hospitalaria, se llevó a cabo un ambicioso proyecto de arqueología medieval bajo la dirección del doctor Chistopher Gerrard, de la universidad de Durham, profundo conocedor de la zona. El estudio ha sido decisivo para conocer las fases constructivas de la casa-encomienda templaria y hospitalaria.

La historiografía portuguesa de los últimos años, en general, ha seguido la línea iniciada en la primera mitad del siglo XX, marcada por la preeminencia de Tomar y la singularidad de Almourol.

Terminamos este pequeño resumen con las palabras de Joan Fuguet:

"Si bien actualmente los estudios sobre arquitectura militar están
bastante avanzados en Portugal y en la Corona de Aragón, el reino de Castilla presenta un déficit historiográfico que no permite hacer comparaciones con el resto de construcciones templarias de la Península y establecer si también sus edificios presentan elementos novedosos respecto a su tiempo. Sería deseable que en el futuro se profundizara en el conocimiento de toda la arquitectura militar templaria de la Corona de Castilla y de la Península en general. En particular en lo referente al régimen de tenencia de los castillos templarios castellano-leoneses. Sólo así podremos ver si existen diferencias entre los castillos templarios castellanos por una parte y los portugueses y de la Corona de Aragón por otra."



San Salvador de los Caballeros - Toro (Zamora).

Este articulo se ha basado en la obra de Javier Castán Lanaspa, "Arquitectura templaria castellano leonesa", la obra de Joan Fuguet y Carme Plaza: "Los templarios en la Península Ibérica", y el artículo sobre historiografía de Joan Fuguet: "LA HISTORIOGRAFÍA SOBRE ARQUITECTURA TEMPLARIA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA", ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM)37/1, enero-junio de 2007,pp. 367-386 del que hemos hecho una brevísima recensión.

lunes, 3 de marzo de 2014

ENLACE A LA OBRA DE BEDA EL VENERABLE

http://www.documentacatholicaomnia.eu/02m/0627-0735,_Beda_Venerabilis,_De_Templo_Salomonis_Liber,_MLT.pdf

Tal y como hemos comentado, en los post dedicados a los monjes benedictinos, templarios y masones, aquí os dejo el documento en que se basa esta teoría sobre el enlace de los albañiles benedictinos con templarios y masones.


http://www.documentacatholicaomnia.eu/02m/0627-0735,_Beda_Venerabilis,_De_Templo_Salomonis_Liber,_MLT.pdf

LOS TEMPLARIOS, Y LOS BENEDICTINOS... Y LAS RAÍCES DE LA MASONERÍA. II PARTE



Desde tiempos de las cavernas al hombre le ha fascinado, lo oculto, lo mistérico. El verdadero sentido de la existencia, nuestros cimientos como personas han sido custodiados por castas sacerdotales, brujos y chamanes que tenían el conocimiento. Y como bien dice el dicho, quien tiene la información tiene el poder.

Así encontramos "ritos de iniciación", "ritos de pasaje" desde el alba de los tiempos, transmitidos de forma simbólica, compleja y oscura. 

La masonería, opinen algunos lo contrario debe mucha simbología a las Ordenes Militares ( léase Temple) de ahí que en sus ritos se usen espadas, guantes, y demás objetos militares. Pero de donde bebe la masonería en cuanto a símbolos de "albañiles", ¿De ese Hiram mitológico? Mucho más cercano a el, tenemos a los albañiles benedictinos y está claro que ellos transmitieron sus conocimientos y símbolos a los masones templarios y a los masones laicos que colaboraron con ellos en sus obras.

Masones y templarios utilizaron unos símbolos para transmitir sus conocimientos de ese algo llamado trascendencia. Pero estos símbolos lejos de pertenecer a una serie de logias laicas fueron usados en catedrales y abadías con anterioridad. Y sino, como explicarse que Dios aparezca con los instrumentos del Arte, particularmente el compás, con el que traza los planos de la Creación, durante la época medieval. Algunos de los símbolos que veremos en la masonería, se pueden observar en los confines del Mediterráneo Oriental y en las ruinas de Pompeya. La herencia de los Collegia Fabrorum, se conservó en Europa, a través de los monjes.

Los orígenes de la masonería son bastante inciertos si bien muchos autores suelen decir que bebe de diferentes fuentes, como la Cábala Judía, la Alquimia, el Hermetismo y los rosacruces del siglo XVII.

Pero en este grabado antiguo, tenemos un grupo de masones, estudiando libros, a la luz de la Delta, donde podemos leer, el primer versículo de San Juan, "donde la luz se abre paso en la oscuridad".

De la Orden del Temple, tenemos más claro cuales fueron sus orígenes y objetivos. Nacen en Tierra Santa, casi todos son oriundos de Champaña, y son liderados por Hugo de Payens.Y en 1118, Balduino II, les dona parte del "Templum Salomonis", concretamente lo que fueron las caballerizas del Templo de Salomón, donde los musulmanes pues entre otras cosas habían establecido la Mezquita de Al-Aqsa.

San Beda, mosaico de la Abadía de Westmister 
Durante dos siglos los templarios crearon una organización poderosa y ejemplar en cuanto a objetivos y funcionamiento. Poseían preceptorías y encomiendas en toda Europa, y participaron activamente en la Reconquista española y en las Cruzadas.

La tradición masonica del "Aprendiz Masón", "Compañero Masón" y el"Maestro". Habían bebido de la leyenda de Hiram Abi, el fundidor fenicio convocado por el rey Salomón para que construyera su famoso templo. 

Lo curioso es cuando sabemos que esta leyenda tiene su origen en las antiguas logias benedictinas que organizaron los monjes cluniacenses. ç

Estas logias benedictinas, bebieron de las interpretaciones alegóricas que hicieron los Padres de la Iglesia sobre el Templo de Salomón, alegorías que recrearía el el historiador inglés, San Beda el Venerable, monje benedictino que murió hacia el año 734. Allí en Britania, escribió su obra "De Templo Salomonis", en la que descansa toda la doctrina masónica.

Alcuino de York
Su doctrina, llegó a través de sus hermanos benedictinos Alcuino de York (siglo IX) (no olvidemos que en estas fechas, Britania, tiene un gran resurgir de la Filosofía y las Letras en sus Abadías), y será Alcuino el culpable, del Renacimiento Carolingio, desde sus clases en Tours (Francia). Rabano Mauro, discípulo benedictino de Alcuino de York. Rabano Mauro, dejó muchos escritos entre ellos versos y prosas con curiosos caligramas, y juegos de palabras en formas de estrellas, cruces y otros simbolos, en su De Laudibus Sanctae Crucis (810-822) en que habla del simbolo cristiano y los nombres de Cristo con mucho artificio y complicación.

Otro de los transmisores de esa cadena de simbología masonica, fue el monje Walafrido Strabo, llamado así por su estrabismo, monje benedictino que siguió con los trabajos de su predecesor Rabano Mauro. 

En un libro publicado no hace mucho, un equipo suizo de investigación empresarial llegaron a la conclusión de que las empresas deberían adoptar los usos de los monasterios benedictinos. El título del libro es significativo: “Lo que las empresas pueden aprender de los monasterios”. Esto ya empieza a darnos pista sobre de donde beben los templarios, para organizar la primera multinacional y la letra de cambio.¿Dónde estaba el secreto? A la Orden los unía la monumental Regla de San Benito. Ella establecía un equilibrio perfecto entre el incentivo al éxito personal, la recompensa por los resultados y el crecimiento de la Orden. El sistema era tan perfecto, que incluso bajo una mala administración —en el caso de abades desinteresados por la gestión— la Orden progresaba.

Los autores del libro concluyen: en su gestión, cada monje tenía muy claro que el objetivo último de su trabajo no era su ventaja personal, ni siquiera la de la Orden, sino que todo se hacía teniendo a Dios en mente. Dios debía reflejarse en la grandeza de la Orden y de la Civilización Cristiana que ella engendraba.

Pero retornando al tema que nos interesa, ya en el siglo XI, los benedictnos ( cluniacenses), tenían establecidas las constituciones y reglamentos de sus logias de constructores de abadías, iglesias y catedrales, y como esa obra del "románico", fue tan universal y movió tantas piedras, tuvieron que contratar laicos, los denominados "hermanos conversos". También hay constancia documental de que los monjes benedictinos contrataron a "obreros especializados", de Próximo Oriente.

Y si hay que buscar una mano, por detrás de eso que conocemos como Cruzada, es ni más ni menos que la mano cluniacense.

Los masones cluniacenses, estarían detras de esa tradición simbólica que llegó al Temple y del Temple a los "Prioratos Templarios" del rito Escocés Antiguo y Aceptado, o la Orden Real de Heredom-Kilwinning. Es más que conocida la tradición del origen de la masonería por la escuadra de refugiados templarios procedentes de Francia y otros puntos de Europa en Escocia. Escuadra que participó en la famosa batalla de Banockburn (1314). Derrotando a los ejércitos de Eduardo II de Inglaterra y en cuyo agradecimiento el rey Bruce, les concedió la torre de Kilwinning, contigua a la abadía Kilwinning. Dicha abadía era de monjes Tironenses, rama benedictina que se habían asentado allí en el siglo XII, procedentes de su casa madre en Tirón (Francia), muy cerca de Chartres. La abadía, permaneció hasta que en el siglo XVI, un incendio la destruyó, dispersándose los monjes a otros monasterios de la zona, de la misma Orden.

Según cuenta la tradición los refugiados templarios junto a la logia masonica de la abadía, fundarían una "nueva orden".

Más datos a tener en cuenta, el papa Urbano II, un monje benedictino que profesó sus votos en Cluny, serían, el llamado Papa de la primera Cruzada.

Tenemos que tener claro, que es la orden benedictina quien se convirtió en los siglos X y XI, en la principal promotora de las peregrinaciones a Tierra Santa y a Santiago de Compostela. Los lugares de máxima influencia de la orden benedictina es la zona de Lorena ( influencia directa de Cluny), lugar de origen de los Anjou.

Y es de los cluniacenses de donde surgen las logias de constructores que recorreran Europa y difundirán el románico. Es desde estas logias de monjes en origen, de donde llegaran los simbolos a las logias de canteros laicos de Europa que primero fueron sus asalariados. 

Serán dos papas cluniacenses quienes llamaran a la peregrinación armada, Urbano Ii y Gregorio VII.

Y Godofredo de Bouillon, procedente de la Alta Lorena, donde el poder era Cluny, será el "primer rey" no oficial de Jerusalén, a quien seguirá en un plazo breve de tiempo su hermano Balduino I, y cuyo primo hermano Balduino II, será quien legue al temple las caballerizas.

La intervención con logias de constructores cluniacenses en Tierra Santa, está documentada.

San Bernardo es cisterciense, pero el Cister bebe de las fuentes originales de los benedictinos.

Y si bien no tenemos documentación que avale esa supuesta Orden de Sión, si tenemos esa pista cluniacense, que nos lleva a la trilogía masonica de Sabiduría, Fuerza y Belleza. La sabiduría de las abadías, la fuerza de los castillos y el ejército templario y la belleza de la luz, en las catedrales.

La siguiente pista a seguir es la de un hijo de una catara, llamado "el francesito" , estamos hablando de Francisco de Asís. Francisco, que tiene a la tau por emblema. Francisco desembarca en Egipto, en 1219 en la desembocadura del Nilo, en vísperas de la quinta cruzada. La llegada de Francisco subió la moral de las tropas de Hospitalarios y Templarios,que habían sufrido una derrota ante Al Kamil. Tras la caida en desgracia del Temple, los franciscanos fueron nombrados Guardianes de Tierra Santa. De las conversaciones por la paz que mantuvo Al Kamil, con Francisco poco sabemos. Francisco no entendía porque el musulmán, hombre culto no admitía el Dogma de la Trinidad y el Sultán no entendía como un santo en vida, un "derviche" podía oler tan mal. Muchos historiadores opinan que la amabilidad del sultán fue la hospitalidad que obliga su religión con los locos, pero muy seguramente en plena guerra fuera la amabilidad para con un "santo".

Fruto de aquellas conversaciones iniciadas por Francisco de Asís, se firmaría un tratado de paz en 1229, por parte de Federico II con Al Kamil, con los templarios como intermediarios.

Testamento de Francisco de Asís, con la Tau sobre la calavera de Adán en el Golgota. 















LOS TEMPLARIOS, Y LOS BENEDICTINOS... Y LAS RAÍCES DE LA MASONERÍA. I PARTE

Después de tantos años de estudio sobre mi gran pasíón, la Orden del Temple. No me queda más que opinar que he leído mucha basura de gente que repite y repite, trabajos que quedaron desfasados hace décadas. Hay una verdadera mitología moderna alrededor de la Orden y se olvida lo fundamental que era una Orden de monjes que juraban obediencia a Dios y al Papa, y tenían a María como Nuestra Dama.
Se buscan explicaciones de símbolos y oficios que verdaderamente en algunas casos son demasiado imaginativas y se deja de lado la tradición católica, apostólica y romana a la que como institución eclesiástica pertenecían.

Una de esas piezas claves, está en que muchos "especialistas" de la Orden del Temple, no tienen ni idea de órdenes religiosas como el Cister. o los Benedictinos. Bueno algo si saben, que San Bernardo era sobrino de uno de los primeros caballeros del Temple y su Regla está inspirada por el Cister. Pero esto es porque lo leyeron de pasada en esos libros de "mitología templaria". Y cuando digo "mitología templaria", no me refiero a obras como la de Jesús Ávila, persona a quien respeto hace muchos años, sino a esos bodrios anglosajones que nos han llegado ultimamente y gente que fusila textos.

Hoy vamos a centrarnos en los cluniacenses o benedictinos, auténtico eslabón perdido entre las Órdenes Militares que se crean en Tierra Santa y la Masonería. Fueron las investigaciones de Eduardo R. Callaey, que ha colgado en internet o publicado en algunos de sus libros las que me dieron la pista y por ello leí sobre esta orden religiosa.

A más de uno que se ha acercado a los enigmas medievales sólo desde libros de pseudo-folcklore histórico que hablemos de cluniacenses y no de supuestas ordenes francesas de origen incierto y nacionalidad francesa como la supuesta Orden de Sión, pero que aunque hubiera existido, habría estado en pañales cuando la Orden de Cluny, ya era experta en el manejo de la información, era la archivera de la Iglesia, y cuya mano la vemos metida y bien metida en temas como el afianzamiento de la Corona de Castilla o las Cruzadas.

La Orden Benedictina, es la primera orden monástica creada en Europa pero con grandes raíces orientales, en el año 529 por San Benito de Nursia. La casa madre, fue la Abadía de Monte Cassino, que fue muy dañada por los bombardeos aliados (Estados Unidos) en la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de seguir los modelos orientales se diferenció de estos en que puso más hincapie en conservar una disciplina. La Regla de San Benito prescribe a sus monjes y monjas que residan en el monasterio, que busquen la perfección y la obediencia a los superiores. Y la celebración del oficio en comunidad es muy importante. De ahí que desde el principio estudiaran arquitectura para hacer las iglesias de sus monasterios. Su periódo de máximo poder fue entre los siglos VI al XI, periodo en el que fueron los grandes difusores de la cultura en Europa. Su lema ora et labora, les hizo que mejoraran las técnicas agrícolas de Occidente, además de preservar el arte y la cultura en la Edad Media. Después de ese momento de máximo esplendor destacan la Congregación de San Mauro, en el siglo XVII, por sus labores literarias en Francia. Y ya en tiempos modernos destacan sus abadías de Maria Laach en Alemania, Montserrat en España, Mont Caesar en Bélgica, Solesmes en Francia y Saint-John' s Collegeville en Estados Unidos que tienen el liderazgo del movimiento litúrgico católico moderno. Abadías como Chevetogne en Bélgica y Lisle en Estados Unidos, trabajan en pro de la reunificación de las iglesias Oriental y Occidental. Y ramas benedictinas son los trapenses y los cistercienses entre otros.

Benito de Aniano quiso llevar a cabo la reforma benedictina que Benito de Nursia creara, ya que los monjes se habían "relajado" a la sombra del poder imperial. Pero el imperio carolingio fue efímero y se hundió muy pronto. Una segunda reforma llegó desde el monasterio borgoñón de Cluny, que había sido fundado en el año 910, desde allí sus grandes abades tejieron cambios y revoluciones culturales a nivel europeo, pero en vez de ponerse a la sombra del poder temporal lo hicieron bajo la protección directa de ROma y el Papa. Y de nuevo volvió un momento de esplendor máximo durante más de 200 años, en los que San Odón, Mayeul, San Odilón, San Hugo y Pedro el Venerable que gracias a sus vidas longevas pudieran llevar a cabo un proyecto monacal que ha sido único en la historia europea.

La reforma cluniacense, no fue tal, sino más bien fue un volver a los ideales primitivos adaptados a los necesidades de su tiempo San Benito de Nursia, cuatrocientos años atras, no podía imaginar que sus monaterios pudieran ser objeto de trueque, herencia, o venta siendo verdaderos motores económicos de las zonas donde estaban asentados. Tampoco pudo preveer que su Regla tenía huecos, donde los condes y reyes de turno podían agarrarse para imponer su abad de turno que sirviera a sus intereses.

Cluny convirtió a la Orden, en un motor con engranajes en cada monasterio y la Casa Madre, con objetivos comunes y con obediencia al Papa. De esta forma la fuerza no se disgregaba en compartimentos estanco sino que golpeaba con la fuerza de un sólo golpe. Así que la reforma cluniacense consistió verdaderamente en blindarse contra las influencias externas, recuperando el espíritu original.

Cluny a la sombra de San Odilon (994-1008), se dedicó a ser un ejemplo de la vida monástica, un espejo terrenal de la gloria de Dios. De esta forma las donaciones llegaron a Cluny para que se convirtieran en oraciones por aquellos monjes que eran la cúspide de la pureza y eran considerados santos por el pueblo. España fue uno de los países que más dinero envío a Cluny desde el principio . Desde el conde Seniofredo de la Cerdaña, pasando por Sancho el Mayor.

Y así fue como una reforma que quería pretender blindar a las abadías contra las fuerzas externas de este mundo, se convirtió en un imán de dinero que las convirtió en ricas y poderosas. Tanto que sus cenobios tenían el poder de su tiempo.

Y así mientras el Abad Suger, se jactaba de las bellezas de la Iglesia del MOnasterio de Cluny, digno lugar para albergar la Eucaristía. Se le estaba propiciando un golpe del que nunca se recuperó del todo, la reforma cisterciense, llegaba, anunciando sencillez, simplicidad y austeridad porque todo lo demás distraía a los monjes.

Pero hasta ese momento los cluniacenses, habían acumulado tierras y más tierras, riquezas sin fin, y reliquias.

Para mantener aquel motor se precisaban albañiles, arquitectos, orfebres, joyeros, escultores, que al principio surgían de entre los propios monjes y luego fueron laicos contratados que vivían en dependencias anexas al Monasterio.

En el próximo post, veremos estas raíces benedictinas del Temple y la Masonería.


P.D: La medalla de San Benito, que se hizo muy famosa entre los peregrinos a Santiago y en toda la Edad Media. En las antiguas medallas aparece, rodeando la figura del santo, un texto latino que decía "Eius in óbitu nostro preséntia muniámur", "Que a la hora de la muerte nos proteja tu presencia. En el reverso encontramos lo siguiente:

En cada uno de los cuatro lados de la cruz: C. S. P. B. Crux Sancti Patris Benedicti. Cruz del Santo Padre Benito
En el palo vertical de la cruz: C. S. S. M. L. Crux Sácra Sit Mihi Lux. Que la Santa Cruz sea mi luz
En el palo horizontal de la cruz: N. D. S. M. D. Non Dráco Sit Mihi Dux. Que el demonio no sea mi jefe

Empezando por la parte superior, en el sentido del reloj: V. R. S. Vade Retro Satána. Aléjate Satanás - N. S. M. V. Non Suáde Mihi Vána. No me aconsejes cosas vanas - S. M. Q. L. Sunt Mála Quae Libas. Es malo lo que me ofreces - I. V. B. ípse Venéna Bíbas. Bebe tú mismo tu veneno

En la parte superior, encima de la cruz suele aparecer unas veces la palabra PAX y en las más antiguas IESUS

El origen de esta medalla se fundamenta en una verdad y experiencia del todo espiritual que aparece en la vida de san Benito tal como nos la describe el papa san Gregorio en el Libro II de los Diálogos. El Padre de los monjes usó con frecuencia del signo de la cruz como signo de salvación, de verdad, y purificación de los sentidos. San Benito quebró el vaso que contenía veneno con la sola señal de la cruz hecha sobre él. Cuando los monjes fueron perturbados por el maligno, el santo mandó que hicieran la señal de la cruz sobre sus corazones. Una cruz era la firma de los monjes en la carta de su profesión cuando no sabían escribir. Todo ello no hace más que invitar a sus discípulos a considerar la santa cruz como señal bienhechora que simboliza la pasión salvadora del Señor, por la que se venció el poder del mal y de la muerte.

La medalla tal como hoy la conocemos, se puede remontar al siglo XII o XIV o quizá a una época anterior y tiene su historia. En el siglo XVII, en Nattenberg -Baviera-, en un proceso contra unas mujeres acusadas de brujería, ellas reconocieron que nunca habían podido influir malignamente contra el monasterio benedictino de Metten porque estaba protegido por una cruz. Hechas, con curiosidad, investigaciones sobre esa cruz, se encontró que en las tapias del monasterio se hallaban pintadas varias cruces con unas siglas misteriosas que no supieron descifrar. Continuando la investigación entre los códices de la antigua biblioteca del monasterio, se encontró la clave de las misteriosas siglas en un libro miniado del siglo XIV. En efecto, entre las figuras aparecía una de san Benito alzando en su mano derecha una cruz que contenía parte del texto que se encontraba sólo en sus letras iniciales en las astas cruzadas de las cruces pintadas en las tapias del monasterio de Metten, y en la izquierda portaba una banderola con la continuación del texto que completaba todas las siglas hasta aquel momento misteriosas.

Mucho más tarde, ya en el siglo XX, se encontró otro dibujo en un manuscrito del monasterio de Wolfenbüttel representando a un monje que se defiende del mal, simbolizado en una mujer con una copa llena de todas las seducciones del mundo. El monje levanta contra ella una cruz que contienía la parte final del texto consabido. Es posible que la existencia de tal creencia religiosa no sea fruto del siglo XIV sino muy anterior.

Benedicto XIV, en marzo de 1742, aprobó el uso de la medalla que había sido tachada anteriormente, por algunos, de superstición. Dom Gueranger, liturgista y fundador de la Concregación Benedictina de Solesmes, comentó que el hecho de aparecer la figura de san Benito con la santa Cruz, confirma la fuerza que su signo obtuvo en sus manos. La devoción de los fieles y las muchas gracias obtenidas por ella es la mejor muestra de su auténtico valor cristiano.